(Reg. 191) MICOLAU ADELL, José Ignacio, Cuestiones bajoaragonesas, Alcañiz, Centro de Estudios Bajoaragoneses, 2009, pp. 189-195.

Escenas en la pequeña ciudad. Memoria reciente del teatro en Alcañiz, 1990-2000

Alcañiz y el teatro

Alcañiz es una vieja ciudad que, desde los lejanos tiempos de la Reconquista, es centro de cabecera de una extensa comarca al sur del Ebro, a la que se denomina Bajo Aragón o Tierra Baja. Sus 14.000 habitantes, en un Aragón tan despoblado, la han consolidado como una ciudad eminentemente de servicios, que intenta compatibilizar cierta agricultura de regadío con pequeñas industrias de transformación.

Desde el punto de vista cultural, los años finales del siglo XIX estuvieron marcados, en Alcañiz, por un empeño ciudadano: la construcción y puesta en marcha de un teatro. En nuestros días, y siguiendo en el mismo ámbito, el final del siglo que acabamos de cerrar quedará, a nuestro modo de ver, también marcado por la lenta y trabajosa rehabilitación de este centenario teatro, que aún conserva en su interior el eco modernista que supo darle Alejandro Mendizábal, un brillante ingeniero con impulsos regeneracionista.

Si la construcción primera lo fue por iniciativa de una sociedad anónima que, desde 1882, conjugó las voluntades de decenas de alcañizanos para conseguir un pequeño coliseo para el teatro y para la música, la rehabilitación, entre 1992 y 1998, fue obra de un Ayuntamiento que, afortunadamente, desde 1973 actuó para evitar la destrucción de un edificio que, desde hacía décadas, había dejado de prestar su función.

La vida del teatro nunca ha sido fácil. En los albores del siglo XX, la memoria literaria de Ramón J. Sender ya refleja en su Crónica del Alba la difícil vida del teatro en Alcañiz:

“Frente a la colegiata -escribe Sender- había un antiguo teatro que ya no se usaba, y que los sábados y los domingos se convertía en cine. Como estaba tan cerca de mi habitación y era muy barato, yo solía ir y prefería la hora en que había menos gente, es decir, temprano por la tarde. Allí veía películas mudas muy malas, mientras una pobre pianista de gran cabellera color ceniza tocaba Los milagros de Arlequín, La casta Susana, o Carmen”.

Pero volvamos a nuestra contemporaneidad. Tras algunas reparaciones de urgencia, el 29 de agosto de 1981 el teatro abrió de nuevo sus puertas con la representación de la misma obra con la que se inauguró en 1890: Alcañiz por dentro, una muy localista zarzuela del alcañizano Benito Illana, que hizo las delicias del público alcañizano, pues muchos de sus conciudadanos participaron en la representación, formando en las filas del grupo local “El tambor”, la
Polifónica Alcañizana, al Grupo Folklórico Malandía, o en la banda de la Unión Musical Virgen de Pueyos, Aunque con medios siempre escasos , durante los años 80 la vida teatral se fue recuperando, con una programación relativamente estable, en la que se alternaban los grupos de teatro profesional, tanto aragoneses como del resto de España, con los grupos locales.

A lo largo de la década, se hizo patente la necesidad de acometer obras de rehabilitación en el viejo coliseo. Desgraciadamente no estuvo el Teatro de Alcañiz en la nómina de los numerosos teatros rehabilitados por la administración en aquellos años. No obstante, la celebración de su centenario, entre septiembre y noviembre de 1990, dio impulso a la idea de acometer una rehabilitación integral del edificio. Aprovechando las fiestas patronales, comenzó la conmemoración del centenario con la edición de una hermosa postal despegable, obra del pintor Carlos Castillo Seas, que reproducía la proscenio, donde, tras un telón practicable, unos arlequines anunciaban la efeméride; el patio de butacas, por su parte, servía para contar la pequeña historia del viejo teatro. La programación teatral conmemorativa también resultó un éxito. El 20 de septiembre se abrió el ciclo con Las guerras de nuestras antepasados, de Miguel Delibes, con José Sacristán y Juan José Otegui. Al finalizar la obra, aprovechando la presencia de numerosos políticos locales y regionales, Sacristán no quiso perder la oportunidad de hacer -tarta en mano, con vela conmemorativa incluida- una apasionada defensa del Teatro que nunca agradeceremos bastante. Continuó con el ciclo El Silbo Vulnerado, grupo aragonés que puso en escena Clásicos in versos, juguete escénico creado y dirigido por Héctor Grillo e interpretado por Luis Miguel Bajén, Gregorio Maestro, Carmen Orte y Luis Felipe Alegre. La compañía Catalana de Gags representó las populares Historias de la puta mili. Por su parte, Tranvía Teatro, la zaragozana compañía dirigida por Rafael Campos, llevó a las tablas alcañizanas la comedia de Goldoni, Los afanes del veraneo, Cerró el ciclo Rafael Álvarez “El Brujo”, con su exitoso Lazarillo de Tormes.

Una lenta restauración

A pesar de favorable ambiente que hemos reseñado, el inicio de las obras se demoró casi dos años. Se ocuparon del proyecto los arquitectos Luis Ángel Moreno López y José Fernando Murria Cebrián. No sin dificultades de todo tipo, se inició la primera fase de los trabajos en 1992. En esta fase se resolvieron, entre otros, los graves problemas de una tramoya centenaria.

La segunda fase de rehabilitación consistió en la construcción de una nueva fachada, con cierto eco neomudéjar, a la plaza de San José, lo que conllevó una considerable ampliación de edificio, permitiendo situar la entrada principal por dicha plaza, al tiempo que posibilitó una mayor dotación y capacidad de los camerinos, con acceso directo a la escena. También se actuó en la ordenación y saneamiento de las fachadas a la calle Pruneda y calle del Teatro, así como de las cubiertas. Se buscó, al tiempo, conseguir una sustancial ampliación del vestíbulo que, como es sabido, en cualquier teatro es un espacio importante de relación y espera. El nuevo módulo de la fachada permitió la ampliación en profundidad del escenario. No obstante, no se modificó la estructura tradicional “en herradura” de la sala, ni la pequeña boca del escenario por razones estructurales y de respeto a la parte más noble del edificio.

La necesaria sustitución de la vieja sillería de los palcos y butacas fue otra de las actuaciones de la tercera y última fase, en la que se intentó mejorar la distribución, anulando dos pequeños palcos de proscenio en la platea y eliminando las viejas divisiones “familiares” de los palcos del primer piso.

Finalmente, en el aspecto decorativo, se respetó el pequeño “foyer” del primer piso, que conservaba unas pinturas decorativas, al gusto de los años treinta, y, como nueva aportación plástica, se incorporó una gran pintura mural en el techo del patio de butacas. Esta obra, del pintor Joaquín Escuder Viruete, que es una espectacular trama caleidoscópica, de algún modo metáfora del teatro, mereció un excelente juicio crítico por parte de Fernando Huici quien escribió que, “pese a la condición escénica del lugar en el que se inserta, nada tiene ese disco monumental de trampantojo, pues la bóveda cósmica a la que alude se condensa así mismo en la vibrante membrana lenticular para, al tiempo que se aplana, tornarse más insondable en su sonora densidad”.

Nueva etapa con el fin de siglo

La rehabilitación del teatro había durado incomprensiblemente hasta 1998. Reabrió sus puertas de nuevo el 29 de mayo con la representación de La heredera, de Ruth y Augustus Goetez, en versión de Enrique Llovet, con Víctor Valverde, Carmen de la Maza y Andoni Ferreño, entre otros, en un ciclo primaveral en el que se incluía El amante militar, de Carlos Goldoni, por el aragonés Teatro de la Ribera, dirigido por Pilar Laveaga, y La vida es sueño, de Calderón de la Barca, a cargo del Teatro Corsario de Valladolid. Sin duda la rehabilitación del edificio ha contribuido en mucho a reanimar la vida teatral de la pequeña ciudad de Alcañiz. Con la subida del telón, también quedaron acalladas muchas reticencias locales de pequeños vuelo sobre el coste de una rehabilitación que fue realmente modesta, pues no alcanzó los 175 millones de pesetas.

El esfuerzo por la rehabilitación del centenario edificio coincide, en la década de los 90, con la creación del Circuito de Artes Escénicas Musicales y Plásticas de Aragón, por iniciativa del Gobierno de Aragón y las Diputaciones Provinciales de Huesca, Teruel y Zaragoza, con José Luis Melendo como técnico. Así, desde 1992, la programación teatral en Alcañiz se ve reforzada en calidad y variedad, consolidándose dos temporadas de teatro profesional en primavera y en otoño, así como una campaña de teatro para escolares a la que acuden, en horario lectivo, desde alumnos de preescolar hasta estudiantes de bachillerato o formación profesional.

En las sucesivas programaciones tuvieron lógica presencia las compañías aragonesas de teatro: desde el veterano Teatro Estable de Zaragoza, dirigido por Mariano Cariñera, al Nuevo Teatro de Aragón, pasando por el Teatro del Alba, los Titiriteros de Binéfar, Teatro del Temple, La Luna Teatro, Nasú, o Teatro Imaginario, entre otros. Gracias al Circuito de Artes Escénicas la presencia de grupos de ámbito nacional se hizo normal en la programación alcañizana. En las tablas del pequeño escenario pudieron verse actores como Jesús Puente, en El hombre del Taj Mahal; Rafaela Aparicio, en La abuela echa humo; Cristina Higueras, en El Baile de Edgar Neville; Esperanza Roy, en Yo amo a Shirley Valentine de Willy Rusell; o Núria Espert y María Jesús Valdés en El cerco de Leningrado de José Sanchis Sinisterra. También compañías como Geroa Teatro, Las Veneno, Duodeno Teatro, Zámpano, Teatro Rosaura, La Quimera de Plástico, Dar-Dar, Tantaka Teatro, al lado de productoras como Pentación, Fila 7, Producciones Teatrales Contemporáneas o Focus, por señalar algunos de los que por Alcañiz pasaron en estos años.

Casi mediada la década, arranca el Festival Internacional del Castillo de Alcañiz, por iniciativa del Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de la ciudad. Desde 1994, ha pretendido dar cabida a la música, el teatro y la danza. Entre el Castillo de la Orden de Calatrava y la muralla que le protege se instala un escenario de mayores dimensiones que el del Teatro Municipal, permitiendo la puesta en escena de espectáculos de mayor formato. Dos compañías extranjeras -La Compagnie du Hasard con un Figaro a la africana y La Piccionaia i Carrara, con una “Comedia dell’ Arte”, La Bufa Burla del Burlador Burlado, al lado de dos propuestas de teatro musical, Flash, por la Compañía del Gran Cabaret de Barcelona, y Memory, con Àngels Gonyalons-, fueron las primeras propuestas teatrales, entre los meses de julio y agosto de 1994, en un joven festival que aspira a contar, para el nuevo milenio, con un anfiteatro al aire libre, amparado también por la vieja muralla del Castillo, con el objetivo de contar con un espacio para propuestas de mayor empeño que sirva en la pequeña ciudad de Alcañiz, al mismo objetivo cultural que se propusieron los alcañizanos de finales del siglo XIX.

[Este texto se publicó originalmente en ADE Teatro. Revista de la Asociación de directores de escena de España, núm. 88, noviembre-diciembre 2001, pp. 119-120.]




Cerrar