(Reg. 109) PUBLICACIÓN. Valoración del conjunto de las casas consistoriales en: THOMSON LLISTERRI, Teresa, “Patrimonio arquitectónico del Matarraña”, en Comarca del Matarraña, Zaragoza, Gobierno de Aragón, Colección Territorio núm. 7, 2003, pp. 153

El territorio vertebrado por el río Matarraña se encuentra jalonado por bellísimas y monumentales casas consistoriales. Para Concha Lomba -autora de un interesante estudio sobre el conjunto de las casas consistoriales aragonesas construidas durante la Edad Moderna (siglo XVI y XVII)- las correspondientes a esta comarca formarían parte del llamado «foco bajoaragonés». Los edificios que en él se inscriben se construyeron en un periodo aproximado de treinta años, lo que en su opinión permite hablar de una auténtica «revolución patrimonial» o «eclosión monumental». Este fenómeno debe necesariamente relacionarse con el fuerte poder ejercido en el Bajo Aragón histórico por la Orden de Calatrava (cuyo poder quería ser superado por los gobiernos concejiles) y con el proceso mimético provocado por la obra inicial y generadora de este foco: la casa consistorial alcañizana (concluida en 1570). Su existencia se debe, por tanto, al deseo de estas poblaciones de construir un edificio como símbolo de su creciente poder municipal, en un territorio sometido históricamente a un poder supramunicipal: ya fuese de la propia Orden de Calatrava, con sus encomiendas de Alcañiz o La Fresneda, o del arzobispado de Zaragoza, como en el caso de Valderrobres. En esta comarca fue especialmente importante el mecenazgo artístico ejercido por los arzobispos de Zaragoza, testimoniado por edificios tan interesantes como las iglesias góticas de Valderrobres, Mazaleón, Fuentespalda o Torre del Compte.

Es también interesante añadir que el éxito de este «tipo» de edificio en todo Aragón debe relacionarse históricamente con el hecho de que los fueros aragoneses permitieron que los gobiernos municipales tuvieran su peso en la vida comunitaria. Limitado, desde luego, por el poder militar, nobiliario y eclesiástico. La existencia del domus comunis medieval explicaría, por tanto, la rapidez y la fuerza con la que se acepta el nuevo modelo de la casa consistorial aragonesa: el éxito de esta tipología arquitectónica.

La nueva casa consistorial nace y debe enmarcarse en la propia concepción de la «ciudad moderna». La mayor parte de estos edificios se construyeron en la plaza Mayor, centro cívico de la población. Esta idea está acorde con los ideales humanísticos de la época que asigna al hombre el centro de la existencia (antropocentrismo) y le da la consideración de ciudadano libre y comprometido con la sociedad o colectividad a la que pertenece. Este nuevo lenguaje artístico va de la mano, por tanto, del Humanismo. En el caso bajoaragonés, sus casas consistoriales aceptan el lenguaje manierista. Ideas y lenguaje que bien pudieron ser comunicados por el grupo de humanistas alcañizanos, compuesto por personalidades de la talla de Bernardino Gómez Miedes o Juan Lorenzo Palmireno.

La monumentalidad de estos edificios públicos es consecuencia lógica de la solidez de las instituciones vinculadas a la vida comunal. Tipológicamente, comparten una serie de características con la casa palacial aragonesa y surgen por la necesidad de dar respuesta a una serie de necesidades que la vida pública municipal exige: salón de sesiones del propio concejo, escribanía, archivo municipal, lonja para celebrar el mercado, cárcel, etc. Aunque, como ya se ha mencionado, a esta necesidad de nuevos espacios se une, desde luego, el deseo de convertir la casa de la Vila en el símbolo del poder concejil, lo que justificaría la impresionante monumentalidad de muchos de estos edificios.

En su construcción se utiliza la piedra como material básico, a diferencia de las casas concejiles del valle medio del Ebro, en las que el protagonismo recae en el ladrillo. La piedra se utiliza bien escuadrada (con sillares perfectamente labrados) o como sencilla mampostería. Su fachada principal se divide en dos o tres plantas, situándose en la inferior la lonja, abierta al exterior por medio de grandes arcos de medio punto. En el caso de Fuentespalda no se abrió lonja por no construirse en la plaza Mayor. En la planta noble se sitúa indefectiblemente el salón de sesiones o salón de plenos, comunicado con el exterior a través de grandes ventanas adinteladas; posteriormente transformadas, en la mayoría de los casos, en balcones. La planta tercera, en aquellos edificios que la posee, está recorrida por la característica arquería superior -llamada tradicionalmente «galería aragonesa»-, definida por una serie de vanos sucesivos: arcos de medio punto dobles, arcos sobre columnas o, incluso, sencillos vanos adintelados. Como elemento de remate se disponen, en la mayoría de las ocasiones, monumentales aleros en saledizo construidos en piedra, ladrillo o madera.

En estos edificios se une su evidente valor utilitario con el artístico. La mayor parte de ellos, tras más de cuatrocientos años consecutivos, siguen siendo sede del poder municipal y como tales son el símbolo de la personalidad única y diferenciadora de cada población. El valor evidentemente práctico de estas edificaciones explica sus frecuentes y, en algún caso, traumáticas reformas o remodelaciones.

En cuanto al valor patrimonial o artístico, éste es común a todas estas casas consistoriales, pero es especialmente llamativo o espectacular en los casos de La Fresneda (con su rotunda monumentalidad volumétrica y sus bellos frisos decorados con elegantes motivos renacentistas), Valderrobres (con su admirable proporcionalidad), Calaceite (construida un poquito más tarde que las demás -en 1606- pero con características similares) o Torre del Compte, con sus curiosas gárgolas y grandes balcones.
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