Catálogo Artístico y Monumental

Adoración de los Reyes Magos y Jesús en medio de los doctores. Capilla del Santísimo, iglesia de Santa María la Mayor

ALCAÑIZ (Bajo Aragón)

Renacimiento. Finales del siglo XVI

Rafael Pertús (atribuido)

Temple a la cola sobre lienzo

190 x 210 cm (cada una)


Descripción:

Estas dos interesantes pinturas, clasificadas como neoclásicas, las creemos obras del artista aragonés Rafael Pertús Salcedo, perteneciente a la saga de pintores aragoneses más nutrida de la segunda mitad del siglo XVI y primera mitad del siguiente. Para esta adscripción, nos basamos en los lienzos firmados en 1617 que componen las puertas del retablo mayor de la iglesia de Longares (Zaragoza) y en las puertas, atribuidas, que cerraban el retablo mayor de la parroquial de Tierga (Zaragoza). Su producción artística ofrece puntos de contacto con la de su coetáneo Francisco Pacheco; como éste, intentará conservar el modo de hacer «acabado» y mantener el dulce colorido, para lograr la utópica «perfección» de los clásicos.

Para la historia de la Adoración de los Reyes Magos, Pertús se debió inspirar en el cuadro del mismo tema que pintó el flamenco Rolán Moys (+1592) para su capilla funeraria, concedida en el convento de Predicadores de Zaragoza. Moys, a su vez, partió de un grabado de Cornelius Cort, hecho en Roma en 1566, que fue de frecuente circulación en los talleres pictóricos aragoneses. Pertús ha mantenido en líneas generales la disposición de las figuras en la composición, si bien son menos numerosas en los primeros planos, lo mismo que en la cabalgata. De este modo la narración queda muy clara al poner sólo a la Sagrada Familia y a los reyes, el más anciano está arrodillado y besa el pie del Niño. En el fondo, nuestro pintor ha conservado el grupo de los camellos y la preceptiva estrella luminosa en el cielo. De ningún modo quiso hacer una copia ni de la pintura ni del grabado y también ha prestado atención al desarrollo del paisaje, género que cultivó. Aquí, si bien no responde a una naturaleza real, ha conseguido de manera hábil la distribución de luces frías y colores en la misma gama. Los tonos de los vestidos, amarillos, verdes, carmines y azules, recuerdan la paleta de Moys, pero el pintor flamenco los emplea más cálidos.

La escena de Jesús en medio de los doctores está representada de acuerdo a la iconografía habitual en esta historia sagrada, que está relatada sólo en el Evangelio de San Lucas, 2, 41-51. El pintor resuelve la composición a partir de dos estampas del mismo tema del grabador flamenco Cornelius Cort. Cristo maestro está sentado en el centro del templo de Jerusalén y en lugar elevado, delante de una estructura semicircular. Esto unido el fondo arquitectónico del edificio sirve para conseguir la profundidad espacial en la pintura. Efecto que también se consigue con la propia disposición de los doctores de la ley y del pavimento. Pertús no hace una copia literal de los grabados y ha introducido notables variantes, así representa a Jesús más infantil y no como un adolescente, y coloca muy cerca a sus padres. Esta interpretación del pintor justifican las palabras de su coetáneo, Jusepe Martínez, cuando escribe “teníase a menos de valerse de cosas agenas”.

Los dos lienzos expuestos mantienen el lenguaje artístico propio del final del Manierismo, sin nota alguna al barroco incipiente, cuya corriente no parece atrajera a Rafael Pertús, al juzgar por lo conservado y el testimonio de Jusepe Martínez (Discursos practicables), quien escribe acerca de la incapacidad de Pertús “para sacar del natural” una figura de San Juan Bautista. En cambio, pondera su capacidad para el trabajo y su carácter afable. También menciona: “Tuvo tanta afición al ejercicio de la pintura, que hasta edad de ochenta y cuatro años no dejó los pinceles de la mano, y las últimas obras que hizo fueron las mejores”. Antonio Palomino lo menciona entre los pintores celebres de la ciudad de Zaragoza, experto en “países” (El Parnaso Español Pintoresco Laureado, 1724).

Rafael Pertús nació en Zaragoza en 1567 y era hijo del pintor Pedro Pertús “menor”. El 25 de abril de 1585 firma capitulaciones matrimoniales con Isabel Zatoya y entre otros bienes aportaba, “todos sus tableros, colores y adrezos de pintar” que le había dejado su padre. Su segunda esposa debió ser Mariana Aranguren, quien el 14 de septiembre de 1634 otorgaba testamento, dejando como herederos legítimos a sus hijos Pedro e Isabel Pertús y nombra heredero universal y ejecutor a su marido, Rafael Pertús (1). Este hace testamento el 12 de julio de 1644 y en este documento o bien hay un error del escribano o no se llegó a casar en la primera ocasión con Zatoya. En este testamento, el pintor nombra herederos a Isabel y Pedro Pertús, “mis hijos y de la quondam Mariana Aranguren, mi primera mujer y a Jusepa Pertús mi hija y de Isabel Zatoia, mi segunda mujer” (2). Nuestro pintor muere el 19 marzo de 1648.

Algunos de los encargos recibidos a lo largo de su dilatada carrera confirman su notoriedad: trabaja en la decoración mural de la capilla de Alberto Claramunt, señor de Artajona, en el monasterio de San Francisco de Barbastro (Huesca); pinta nueve lienzos con las Batallas y Conquistas de los Reyes de Aragón, Valencia y Mallorca, para el consistorio de la Diputación del reino de Zaragoza; el duque de Villahermosa le encarga pintar las hazañas bélicas de su antepasado Alonso de Aragón (Museo de Zaragoza); envió a Madrid dieciocho cuadros, cuyo destinatario era don Gil de Albornoz; y obras suyas figuran entre las colecciones de Lastanosa y del marqués de Ayerbe.

Sobre todo fue muy alabada la participación de Rafael Pertús en obras efímeras: capelardentes y monumentos de Semana Santa. Hay albaranes autógrafos del pintor en el archivo de la Seo de Zaragoza, por la realización del Monumento de Semana Santa de la metropolitana (1603). Y como «obra primorosa» fue calificado el túmulo del príncipe Baltasar Carlos, levantado en 1646 en la plaza del Mercado de Zaragoza, y decorado con alegorías de los ríos de esta capital y de otras ciudades.


NOTAS

1. Archivo Histórico de Protocolos de Zaragoza, Juan Adriano Cipriano de Escartín, 1634, ff. 823r/825v. Las capitulaciones con Zatoya, íbidem, Joan de Lurbe, 1585, ff. 367v-372r; trascripción en MORTE GARCÍA, C., “Documentos sobre pintores y pintura del siglo XVI en Aragón. I”, en Boletín del Museo e Instituto “Camón Aznar”, XXXI-XXXII (1988), doc. 263.
2. Archivo Histórico de Protocolos de Zaragoza, Lorenzo Villanueva, 1644, ff. 1.171-1.174; trascripción en MORALES Y MARÍN, J. L., La pintura aragonesa en el siglo XVII, Zaragoza, 1980, doc. 36.

[Texto publicado en el catálogo de la exposición La Colección Quílez Llisterri y la pintura del Renacimiento organizada por el Centro de Estudios de Arte del Renacimiento (CEAR). Alcañiz, 2009.]


Autoría:

TEXTO Y FOTOGRAFÍAS: Carmen Morte García


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© 2012 Textos y fotografías, sus autores.

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